4 de septiembre de 2014

Fundación de una organización revolucionaria en el Paraguay. Entrevista a Eris Cabrera, fallecido ex secretario general, sobre los orígenes de Paraguay Pyahura.


Desde hace 11 años, cada 5 de setiembre, el Partido Paraguay Pyahura conmemora el aniversario de la muerte de su ex secretario general, Eris Cabrera, con una ofrenda floral en el Panteón de los Héroes. En cada ocasión, se recuerdan los aportes que Eris Cabrera dejara al partido, al campesinado y al pueblo. 


Nacido en Piribebuy, Cabrera estuvo vinculado en los años 60 a las Ligas Agrarias y su participación fue estratégica y clave en el impulso, dirección y concreción de todo el proceso de movilizaciones populares que logró detener la privatización en el 2002, primero en la conformación del Frente en Defensa de los Bienes Públicos y el Patrimonio Nacional, y luego el Congreso Democrático del Pueblo. 

Publicamos esta entrevista realizada a Eris Cabrera, cuando nuestro partido aún era Movimiento Revolucionario Paraguay Pyahura, para seguir compartiendo y recordando con el pueblo a Eris Cabrera. En la entrevista, habla sobre los orígenes de la herramienta política a cuya construcción dedicó su vida, el hoy Partido Paraguay Pyahura. Eris Cabrera vive en la lucha y las conquistas del pueblo pobre!

ENTREVISTA A ERIS CABRERA, SECRETARIO GENERAL DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO PARAGUAY PYAHURA.

Inmediatamente después de la imponente movilización campesina que conmovió al Paraguay el 15 de marzo de 1996, se realizó en Asunción el Congreso Fundacional del Movimiento Popular Revolucionario Paraguay Pyahura (nuevo) MRPP. Esta nueva fuerza política, en realidad un partido más que un movimiento -en el sentido que en nuestro medio se le da a esa palabra- fue impulsada y encabezada por dirigentes de las organizaciones campesinas y obreras de masas que organizaron aquella marcha y luego fueron protagonistas de la exitosa huelga general.

Más allá de las particularidades de cada país y de la historia propia de cada corriente política, surgen de la entrevista problemas que son comunes a todas las demás corrientes marxistas de Latinoamérica que luchamos por la recomposición de nuestras fuerzas y que necesariamente debemos resolver si pretendemos crear una alternativa revolucionaria a la crisis del capitalismo dependiente en nuestros países.

¿Cómo surge el MPRPP?

Es importante entender las circunstancias para entender la historia del movimiento. Diríamos que nace en un tiempo muerto de la izquierda, surge toda una discusión después de una derrota conjunta de un movimiento guerrillero en consolidación y el movimiento de masas representado por las Ligas Agrarias. Un movimiento andictatorial del campesinado, muy importante paralelamente a este movimiento de masas surge una guerrilla marxista que en cierta medida entronca con la dirigencia de masas.

Este proceso sufre en 1976 una gran represión, caen los principales cuadros guerrilleros y caen también dirigentes de masas que habían integrado también la guerrilla. Esta organización, que se denomina Primero de Marzo, en su proceso de crecimiento va captando dirigentes de masas, los principales líderes que en los hechos son los que tienen mayor preparación política, son incorporados al aparato militar, lo que significa debilitar el movimiento de masas para fortalecer el militar.

¿Sería esta una concepción de tipo militarista?

Yo no me arriesgaría a decir cual fue la concepción que tenían, porque inclusive hay muy poco rescate de la experiencia anterior, lo que sí apreciamos es que se debilitó el movimiento de masas. En 1976 hay una gran represión, que elimina a todo un movimiento campesino muy importante. Por otra parte el movimiento obrero estaba manejado por el Gobierno de (el ex dictador, Alfredo) Stroessner. En el 78 se da la última represión y se acaba definitivamente la posibilidad de la guerrilla. 

En medio de esa feroz represión, tras la derrota, nadie se pregunta ¿Qué es lo que podemos hacer? ¿Qué está pasando? A esto llamo tiempo muerto.

A principios de los años 80, empezamos unos cuantos dirigentes sindicales, obreros y campesinos, y surge como un nuevo acercamiento de acción y discusión. Comenzamos a hacer una revisión de la izquierda existente, para preguntarnos: frente a una dictadura así, ¿qué hace la izquierda? ¿qué está pasando con el movimiento de masas?

Este proceso de discusión coincide con un cierto debilitamiento de la dictadura, con la política del imperialismo impulsada por (el ex presidente estadounidense James) Carter, sobre los Derechos Humanos y la “Democratización”. Además de este contexto de debilitamiento de la dictadura militar stronista, empiezan a surgir nuevas ideas dentro de la izquierda, influenciadas por el surgimiento del PT de Brasil, que es en este momento muy determinante; se extiende el Movimiento de los Metalúrgicos Brasileros, aparece una nueva forma que salía de lo tradicional para trabajar con el movimiento de masas, del cual se podía aprender. Esta influencia se extiende mucho entre los compañeros y empezamos a tener el criterio de cómo la cuestión de masas se vincula con la revolución, esto genera nuevas discusiones.

¿Se discute la relación entre los cuadros revolucionarios y el movimiento de masas?

Sí; aparece con una característica diferente, con la originalidad del Brasil en todo, que en lugar del tradicional partido de cuadros, surge un partido de masas que se define como socialista. Empezamos a replantearnos la práctica anterior de la izquierda en general, comparándola con la del PT, inclusive tomamos contacto con la gente del PT, con el sector “articulación” principalmente, que era un sector más consolidado de lo que es ahora. Tenemos un cierto intercambio y empezamos a desarrollar nuestro trabajo en el movimiento de masas.

¿Con qué criterio desarrollan este frente de masas?

Partimos de la base que durante la dictadura hubieron obreros, campesinos que en forma permanente lucharon, no en conjunto, pero sí hubo lucha.

¿Hubo formas de resistencia contínua durante la dictadura de Stroessner?

Permanente, sí. Esas luchas no eran capitalizadas por la izquierda, porque estos partidos aparecían como encerrados en la discusión, en las grandes propuestas, y no podían ver que estaban esas permanentes luchas. Decidimos que debíamos trabajar dentro de las organizaciones de los sectores que estaban en lucha. Trabajar sobre dos ejes principalmente: a) Impulsar la solidaridad entre las organizaciones, y b) Evaluar políticamente las luchas y sus resultados. Notábamos que la gente luchaba, chocaba, era derrotada, pero no había una capitalización política, un pensamiento político de lucha.

No se traducía esa lucha en una elaboración que permitiese sacar conclusiones políticas de la relación entre las clases.

Exactamente. Mientras transitábamos esa experiencia, el imperialismo impulsaba el recambio dentro del sistema. Ese recambio no sólo lo impulsaba en los partidos de la burguesía, sino también trataba de adecuar los organismos populares a la nueva situación, por ejemplo la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, organización fundada como instrumento de lucha anticomunista en el Movimiento Obrero por la Socialdemocracia Europea y la Central Sindical dependiente del Gobierno estadounidense, AFL-CIO) expulsa de su seno a la CGR oficialista por ser traidora, pero la expulsa cinco (5) años antes de la caída de Stroessner, cuando hacía 30 que estaba al servicio de la dictadura y empieza a financiar a estructuras para sindicales, como forma de contener las luchas.

Esas estructuras para sindicales tratan de acercarse a los sectores en lucha, podando su vitalidad, atándolos y utilizándolos como forma de propaganda de ese aparato. Trataban que esas luchas no tuvieran ningún sentido político, al menos permanente, y pretendían encuadrarlas en esos aparatos que se estaban formando.

¿Cuáles eran esos aparatos?

La CIOSL por medio de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores del Paraguay) y la CLAT (Confederación Latinoamericana de Trabajadores, brazo regional de la Confederación Mundial de Trabajadores, organismo dependiente del Vaticano, creado desde esta vertiente para llevar a cabo la lucha anticomunista en las filas obreras) por intermedio de la CNT. Hubo un convenio de unirse para trabajar en forma conjunta y financiar por partes iguales o casi iguales una posible Central Campesina. Inclusive forman un Movimiento Intersindical de Trabajadores (MIT) donde trabajan conjuntamente.

Esto produce un aislamiento y desvío de las luchas, hacia salidas que son aceptables para el sistema. Por otro lado, impiden que nuestros movimientos se vinculen a los elementos en lucha del exterior, especialmente el Brasil y la Argentina, por la barrera que representaban estos aparatos. Otro de los enfrentamientos que tuvimos fue romper ese aislamiento y conectarnos a otros sectores en lucha. Conseguimos relativamente eso, pudimos vincularnos con compañeros del Brasil, del PT, que estuvieron aquí, con los cuales tuvimos encuentros conjuntos, entre ellos y quienes estábamos formando la Coordinación Sindical.

También en esa época en que estaba gestando el recambio a la dictadura, TUVIMOS QUE ENFRENTAR A SECTORES INTELECTUALES, que influenciaban parte del movimiento obrero como “asesores”. Estos sectores planteaban la formación de nuevos sindicatos dentro de la estructura legal y el código laboral stronista. Opinaban que el problema básico era la violación de la ley por parte de la dictadura, y que había que recuperar la ley como instrumento legítimo. Impulsaban crear sindicatos sin ningún trabajo en el seno de los trabajadores; juntaban un pequeño grupo, hacían una “Asamblea”, legalizaban las firmas y creaban un sindicato. SINDICATO DE MEMBRETE llamábamos a esto nosotros. Por supuesto el Gobierno y la Patronal al día siguiente tomaban represalias contra la gente mientras los “asesores” seguían la batalla judicial. El efecto práctico era un mayor desmembramiento de la fuerza de los trabajadores.

Frente a esto, nosotros planteábamos que era la fuerza de los propios trabajadores lo que iba a determinar el resultado de la lucha DENTRO O FUERA DE LA LEY, pero que la capacidad de combate era lo determinante y esta fue nuestra primera etapa, nuestra primera visión del trabajo.

¿En qué sectores sociales trabajaban en esta etapa?

Las líneas fundamentales salen del Sindicato Metalúrgico, del Sindicato de Profesores con algunos compañeros que empiezan a surgir, que trabajan en fábricas de aceites de coco y algún sector de la Coordinadora de Productores Agrícolas (que es la base de la actual Federación). En la primera etapa hasta participan algunos sectores de la izquierda liberal, que sin salir de su partido burgués, comparten nuestras propuestas y creen posible cambiar su propio partido. En este periodo hay heterogeneidad, dentro del marco de ciertos acuerdos generales.

¿En qué época se cierra esta etapa?

Alrededor de 1989, con la caída de la dictadura. Ahí aparece un desafío político diferente, de más elaboración política. Se plantea la necesidad de nuevas tareas. Nuestra tarea fundamental era educar en la lucha y con la discusión política; era como un círculo. ¿Planteando qué? La discusión y la evaluación política de las luchas. En ese proceso se iban generando los posibles cuadros políticos revolucionarios. Al caer Stroessner los desafíos son diferentes, aparece la necesidad de tener planes políticos distintos. Entonces avanzamos un paso más con el llamado Acuerdo de Caacupé, ciudad donde nos reunimos los que coincidíamos en estas cuestiones fundamentales de educar en la lucha.

¿Cuáles eran las bases del acuerdo de Caacupé?

El primer punto era definir a los partidos burgueses como enemigos, plantearse no solo la lucha contra estos partidos sino contra la burguesía como clase. En el plano político se planteaba dejar de actuar como furgón de cola de esa burguesía. En la lucha por las libertades públicas y los derechos civiles el sacrificio de la gente era capitalizado por los partidos burgueses. No había ninguna reivindicación de clase. Entonces el planteo era que no iba a realizarse ningún tipo de unidad teniendo debilidad a nivel de masas.

No hacer ningún tipo de unidad con los partidos burgueses hasta no ser fuertes en el movimiento de masas. Después podíamos ponernos de acuerdo en algunos puntos concretos, pero sobre reivindicaciones propias.

La práctica enseñaba que los partidos burgueses convocaban a una movilización antidictatorial, la gente del pueblo se movilizaba, y capitalizaban ellos. Por eso era central señalarlos como enemigos, fortalecer el trabajo en las masas y dejar de ir a las rastras de los burgueses.

Esta resolución apuntaba a un principio de independencia de clase.

Exactamente. Había bastantes problemas y discusión sobre el tema de la independencia de clase. Este tipo de discusión se generó y hubo gente que se retiró en ese momento. Otro punto importante de discusión fue una evaluación de los partidos de izquierda. La conclusión era que teníamos desacuerdos tácticos, desacuerdos metodológicos sobre la forma de construcción que se planteaba la izquierda en ese momento y que persisten actualmente.

¿En que consiste ese desacuerdo metodológico con los partidos de izquierda?

Lo que dicen los documentos es que los partidos de izquierda SURGEN COMO EL RESULTADO DE LA VOLUNTAD DE LOS SECTORES MÁS POLITIZADOS DE LA SOCIEDAD -estudiantes, intelectuales- Y NO COMO UNA NECESIDAD SURGIDA EN EL SENO DE LAS MASAS PARA FORJAR UNA HERRAMIENTA.

Esta decisión del sector intelectual de armar su partido, su programa y luego ofrecerlos a las masas, choca con la situación que si las masas no están mínimamente politizadas, no pueden acceder a un programa de izquierda, aunque este sea justo. Había que politizarlas para que el programa surja casi como el resultado necesario de esas masas. Entonces planteábamos que ese método de organización no era el correcto y estaba condenado al fracaso.

Después de la experiencia del trabajo dentro de las masas, nosotros no negábamos la necesidad de una vanguardia, de consolidar un núcleo revolucionario de compañeros de mayor formación política. Ese núcleo era como la vanguardia que trabajaba dentro de las masas, para que las mismas masas vayan generando sus propios dirigentes con el apoyo de esos cuadros marxistas.

El tercer punto de acuerdo fue la adhesión básica general al marxismo – leninismo, como herramienta, como instrumento. Se planteaban que podían existir corrientes dentro de esa base de acuerdo de utilizar el marxismo.

¿Se admitían disidencias ideológicas dentro del marco del marxismo leninismo?

Sí, después vimos que fue influencia de la experiencia del PT, influencia positiva para ese momento. 

Otro punto del acuerdo era el compromiso de ir generando una herramienta política revolucionaria que pueda hacer parte de la dirección de las masas en el proceso de lucha revolucionaria.

En lo internacional, con muy poco o ningún concepto teórico, casi intuitivamente, tuvimos que definirnos -ya que había bastante influencia trostkista en el estudiantado- y se decide apoyar al pueblo, al Gobierno y a la Revolución Cubana. 

Estos son los acuerdos principales a los que se llegó. Ahí se nos va a generar una nueva crisis. Hasta ese momento veníamos funcionando relativamente bien. Los nuevos sucesos políticos nos plantean otras tareas.

¿Otro nivel de definiciones?

Sí, son como escaleras que uno va subiendo. Este acuerdo hace que algunos compañeros se alejen, hay que recomponer de nuevo. Combatir la influencia de ideas anteriores de muchos militantes. Las crisis generan debates y en muchos casos se inmoviliza el trabajo en las masas y el centro es la discusión.

La crisis también se complica, porque en esa época de resistencia a la dictadura hay algunos intelectuales que empezaban a plantear dentro del debate cuestiones ideológicas tales como la escuela de Frankfurt, las ideas de Foucault, etc.

Esto nos obligó a tener más herramienta teórica, por un lado, para superarnos, y por el otro nos recostamos más sobre la realidad, en este análisis de la realidad centramos el debate con estos sectores. El problema con esa gente era que ni dejaban hacer ni daban solución. La superación de nuestro trabajo político en el movimiento de masas nos comienza a enraizar más.

¿Cuál era la situación política en ese momento?

Hacia el fin de la dictadura, y aún antes, los partidos, incluidos los de izquierda, comenzaban a legalizarse, inscribiéndose con vistas a la lucha electoral. Surgen los que empiezan a hablar de “ocupar los espacios”. Otros hablan que la burguesía está tan debilitada que la izquierda podría acceder al poder.

En el año 1991 surge el llamado para reformar la Constitución, la Asamblea Nacional Constituyente. Un nuevo desafío, una escala más. Para ese entonces habíamos estructurado nuestro núcleo político, en base a nuestro trabajo en el movimiento sindical, con el nombre de Coordinadora de Solidaridad Sindical Campesina.

Entendimos que el llamado a la Asamblea Constituyente era la oportunidad para que las grandes masas pudieran debatir el tipo de sociedad y Estado que aspiran.

Por otra parte no existía dentro de la izquierda ninguna fuerza importante que se opusiera a los partidos tradicionales. Inclusive habían surgido nuevos partidos socialdemócratas, con la intención de ser la tercera alternativa del sistema.

Nos planteamos que era necesario participar en las elecciones para la Constituyente como una ocasión de confrontar en la propaganda con el Modelo de Estado Burgués, planteando un Estado diferente, con mayor sentido popular.

¿La decisión fue utilizar el llamado a elecciones constituyentes como un elemento propagandístico para difundir nuevas ideas al conjunto de las masas?

Exactamente. Hacemos una convocatoria por medio de dos organizaciones gremiales. La Coordinadora de Solidaridad Campesina, que articulaba las acciones de masas, tenía una dirección política. Esta dirección decide que se debe participar. Se hace un llamamiento a las organizaciones sociales y a todos los partidos de izquierda, para lograr un proyecto único que confronte con el de los partidos burgueses. Esta convocatoria era impulsada y defendida por nuestros militantes en las organizaciones de masas donde actuaban, tratando que la aprobación la definan en Asambleas.

Pese a la cantidad de problemas que surgieron se llegó a construir un frente uno de los primeros en los cuales participa toda la izquierda y los sectores sociales más combativos. Toma el nombre de frente popular Paraguay Pyahura (de allí proviene el nombre para nuestro movimiento).

Participan la mayoría de las fuerzas de izquierda, a excepción de dos: por un lado el PC, que cierra una alianza con un sector burgués, un sector socialdemócrata, cooperativistas, etc, en la intención de construir la tercera opción electoral dentro del sistema; y por el otro el llamado PT, un sector ligado a la corriente morenista del trotskismo, que se oponen a que un partido revolucionario realice alianzas con organizaciones de masas, y propician una alianza de las izquierdas. Entre los sectores sociales que participan estában los Sin Tierra, los Sin Techo, Sindicatos Obreros y otros. Para sortear el problema legal de la inscripción electoral se utiliza el registro del Partido Humanista, lo que parecía una alianza inentendible.

¿Cuál fue la experiencia de esa participación electoral?

Desde el punto de vista de los votos tenemos un resultado mucho menor del que esperaban algunos sectores de izquierda. No tuvimos ningún convencional, aunque algunos tenían expectativas de colocar varios. Nuestro movimiento, la Coordinadora, había planteado en las bases, usando una metáfora futbolística: vamos a jugar un partido en cancha ajena. Con el réfere en contra, pero frente al mejor público que hay. Nuestra función es romperles las patas a dos o tres jugadores enemigos, si es posible pegarle al réfere, y esperar el próximo partido, esperando tener mayores posibilidades. El análisis del proceso electoral genera una nueva crisis.

¿Cuál es el eje de esta crisis?

Por un lado en el frente mismo: nosotros habíamos planteado al conformarlo que no era sólo electoral, era un frente estratégico que nace en una coyuntura electoral. El fracaso electoral contribuye a que se olvide la perspectiva de lo estratégico y se recomiencen los análisis, críticas y replanteos de nuestra tesis. Surgen discusiones sobre el valor, o no, de lo electoral. Este debate se produce con las otras organizaciones de izquierda. En nuestro movimiento -que teníamos también mayor expectativa- no por el afán electoral, sino basados en nuestra influencia de masas, surge el debate y la conclusión central es que tener base gremial no es lo mismo que tener base política.

¿Podemos ampliar un poco más esta conclusión?

Teniendo en cuenta que dirigíamos una parte importante del campesinado, Federación Nacional Campesina (FNC), inclusive que nuestra influencia se extendía por alianzas con otras organizaciones importantes, pero más pequeñas, cumplíamos un papel fundamental en la movilización de la gente, que salía a la lucha por sus reivindicaciones (tierra, por ejemplo), pero en el momento de la definición política votaba por el partido burgués, o una alternativa burguesa. Durante la campaña electoral juntábamos 150 o más personas, hacíamos la crítica al sistema, la gente aprobaba, incluso aportaba a esas críticas y salía con la convicción absoluta de que eso era lo que debía hacerse, pero en el momento de votar, votaba por los partidos burgueses. ¿Porqué? Nos dimos cuenta que faltaba una comprensión política de la lucha electoral. A esa circunstancia había que sumarle el peso del aparato electoral de los partidos, con enorme masa de dinero y una publicidad en los medios casi alienante.

Así planteado el problema llegamos a la conclusión de que si manteníamos una perspectiva política revolucionaria no podíamos mantener esa Coordinación Nacional de Dirigencias de Organizaciones, porque no garantizaba ni la discusión ni el trabajo tras el objetivo de la toma del poder.

Planteamos que se eliminara esa Coordinadora y se conformara una organización de revolucionarios, cuya opción política debía ser individual y no organizativa. Desarmamos la estructura que teníamos -que era un paso bastante peligroso porque nuestra influencia en la lucha reivindicativa era importante- pero optamos por dejar de lado esa estructura; porque si bien posibilitaba la lucha gremial, no fortalecía la lucha revolucionaria. Esto genera una nueva crisis.

¿Ustedes salieron del frente?

Sí, salimos del frente, internamente eliminamos la Coordinadora de Solidaridad Sindical Campesina, como coordinadora de organizaciones, para luego replantear el ingreso individual de cada compañero dentro de un proyecto político revolucionario.

¿Esa coordinadora debía transformarse en organización política revolucionaria? ¿Sería este el inicio real del movimiento que surge hoy?

Así es. Esto ocurre en 1991. Cuando planteamos esto, surge una nueva crisis y perdemos toda la base que teníamos, porque el acuerdo ya no implica solo un punto de vista gremial. Ahí vemos con claridad que estuvimos girando permanentemente sobre una definición de gremialismo clasista. Nosotros planteábamos que estábamos preparando la vanguardia revolucionaria, pero en realidad la adhesión política que lográbamos era la de todos los compañeros que eran militantes clasistas de movimientos de masas. La opción que se nos planteaba era continuar con toda esa cantidad de gente a solidificar un eje revolucionario, que nos dé mayor garantía en la perspectiva de la lucha por el poder.

¿Ustedes vieron una diferencia entre ser dirigentes clasistas y el hecho de encabezar la construcción política?

Nosotros vimos que no podíamos fortalecer un proyecto político real, si por política entendemos la ciencia, la acción y la adhesión para la toma del poder. No lo estábamos haciendo bien porque aún cuando nosotros estábamos liderando a la gente en sus movilizaciones, porque a pesar de los discursos revolucionarios -donde hablamos del marxismo leninismo- y si bien subjetivamente creíamos que éramos una vanguardia revolucionaria, dentro de todo no actuábamos más que como un elemento de presión dentro del sistema, de la estructura burguesa. Esto nos lleva a un giro permanente de luchas y reivindicaciones y más reivindicaciones, pero sin poder crear las cuñas necesarias para quebrar la estructura del poder.

Ante esta situación tomamos la determinación de desestructurar la organización que teníamos y crear otra. Se lleva la determinación a la Asamblea de la Coordinadora y salimos. Y no nos fuimos porque esa organización era mala. Salimos para construir una organización superior y fortalecernos políticamente. Ahí se van una cantidad de militantes, inclusive algunos compañeros que hoy son importantes dirigentes de masa y del partido. Hacemos una nueva recomposición.

¿Entonces el proceso es crisis y recomposición?

Así es. Crisis y recomposición permanente. Y las crisis son a cada paso de avance que queremos dar. Este proceso originó amplia discusión; nos damos cuenta que tenemos como un techo, un límite en nuestra perspectiva, que no lo traspasamos. Después de un tiempo largo de discusión, el horizonte se amplía mucho más, surge un nuevo desafío y cada vez que necesitamos romper ese techo implica crisis. Luego, lentamente se va recomponiendo. Este proceso fue largo, nos llevó como seis meses, inclusive el papel personal de algunos compañeros jugó un rol importante en la recomposición, en recuperar militancia. Nuestro trabajo en el movimiento de masas continuó, pero ya con una línea definida.

¿Cómo trabajaban entre las masas?

Con una organización de cuadros y militantes, ideológicamente definida como marxista leninista pero que no tiene expresión pública.

¿En esta etapa como expresan su línea política para el conjunto de la sociedad?

Ese era un problema esencial. El trabajo que realizan los militantes es eminentemente clandestino. Ahora el desafío era distinto: DEBÍAN ENTENDER LA LÍNEA DEL MOVIMIENTO Y DEFENDERLA DE ACUERDO A LAS CARACTERÍSTICAS DEL FRENTE DE MASAS EN QUE TRABAJABAN. Así se generaba mucho más debate teníamos que ganar a la gente con nuestra propuesta. A veces es más fácil decirle a la gente: somos de la Coordinadora, esta es la propuesta, y entonces, incluso por prestigio, por fidelidad la gente te sigue. Ahora NUESTROS MILITANTES TUVIERON QUE DEFENDER SUS POSICIONES Y CONVENCER, PARA QUE ESAS ORGANIZACIONES DE MASAS LAS TOMEN. FUE UNA ETAPA MUY IMPORTANTE DE PREPARACIÓN Y DE CLARIFICACIÓN DEL DEBATE.

¿Cuál es el centro del trabajo político de ustedes en ese momento?

Trabajamos únicamente en el sector obrero y campesino. En esa época se producen importantes luchas que cuentan con simpatía de sectores amplios de población, que las veían como luchas reivindicativas y no son capitalizadas políticamente por nadie.

Nosotros no teníamos en ese momento ninguna forma pública de expresión. Creamos una cantidad de estructuras auxiliares para intentar difundir nuestras propuestas en la sociedad.  Una de esas estructuras fue una comisión de apoyo a las luchas campesinas, que trabajaba básicamente en Asunción y sobre los sectores medios, explicando el problema de la tierra y la dominación imperialista. Por supuesto que esto no alcanzaba para la recuperación política de las luchas.

Esto nos lleva a un determinado momento a rediscutir como hacemos para que el trabajo en la estructura del movimiento de masas -con importante influencia ya- ejerza su influencia política y sea entendido por sectores amplios de la sociedad. Ante esta necesidad planteamos que el movimiento debe tener una expresión pública que trabaje con el conjunto de la sociedad, esto sin desatender el trabajo permanente de construcción entre las masas. Era necesaria una expresión que confronte ideológicamente no solo con las fuerzas burguesas, sino también con otras expresiones de la izquierda frente a las masas, para ubicar la problemática política en general.

Sobre esta base es que se propone el lanzamiento público del movimiento, que ahora concretamos. Hacemos todo un trabajo de discusión en las bases, en cada región, en cada plenario, sobre el programa, el carácter de la revolución, organización.

¿Qué tiempo les demandó este trabajo?

Un año. Anteriormente, una propuesta similar fue rechazada por la mayoría. Un tiempo después la discusión se replantea y hay consenso general en apoyarla y se comienza el trabajo preparatorio.

¿Cuáles son las condiciones que determinan que el movimiento haga su aparición pública en este momento?

Por un lado la situación de desgaste político de las estructuras del Gobierno burgués de Wasmosy. Aquí el Gobierno está jazqueado permanentemente. Es un Gobierno muy débil, que no controla nada, y totalmente corrupto. Existen grandes pujas interburguesas, en medio de grandes movilizaciones de masas dirigidas en general por la izquierda, pero que no sirven por sí mismas, políticamente, para cuestionar el poder. En este cuadro con movilizaciones de masas muy fuertes puede haber incluso un golpe de Estado fascista.

Sin dirección política alternativa, las movilizaciones de masas son capitalizadas por la oposición burguesa, incluso por el sector fascista, y dejan a las masas sin salida ante la debilidad de la izquierda como opción de poder.

Frente a esta situación es imperioso conquistar a sectores amplios de la sociedad, luchar para ganar -sobre las luchas obreras y campesinas- a los demás sectores perjudicados por la actual política proimperialista.

Consideramos que la acumulación política de estos once años de lucha, el intercambio y apoyo con otros compañeros de otras organizaciones en el deate, permiten una acumulación general de ideas, y tenemos posibilidades de encarar una lucha con mayor amplitud.

Estas son las condiciones que empujan a nuestra aparición pública. Incluso, más ahora que nunca, desde la izquierda no se sale decididamente a confrontar con el neoliberalismo. Hasta hay alguna izquierda que ha perdido el rumbo, y planteado que al ser el neoliberalismo el principal enemigo, son posibles coincidencias con fuerzas burguesas, incluso el sector fascista, que ahora son proteccionistas en lo económico. Podemos hablar de una izquierda desmoralizada, que no tiene un proyecto de poder propio, descreídas de las fuerzas de las masas y de su propia capacidad de dirección.

¿Lanzado públicamente el movimiento, piensan que este puede desarrollarse hasta llegar a ser una opción de masas, o plantean otra instancia organizativa para el conjunto de las masas?

Creemos que uno de los elementos estratégicos para la revolución es la unidad de la izquierda. Unidad planteada como forma de coordinar la experiencia. Nos planteamos como elemento básico luchar por la unidad de la izquierda. Pero nuestra posición permanente sobre este problema, desde hace años, es que esa unidad con cualquier movimiento de izquierda se debe basar, apoyar, en la discusión del trabajo político en el movimiento de masas.

Precisemos el concepto: ¿el eje de la unidad es la coincidencia sobre la forma de trabajo en el movimiento de masas?

Así es. De ahí en adelante podemos discutir muchas cosas, hasta la participación electoral, pero si no hay coincidencia en ese eje no nos planteamos alianzas. Es sobre la politización de la lucha de masas que puede surgir una diversidad de posibilidades. Sin esa politización, nosotros decimos que la participación electoral es más bien el reflejo de la debilidad y la desmoralización de la izquierda. Estamos convencidos de que toda participación electoral para ser válida debe ser el reflejo del avance de las masas, y como parte del objetivo estratégico del poder, pero cuestionamos cuando esa participación aparece como un “consuelo” de la debilidad de lucha de la izquierda.

Teniendo en cuenta el éxito de la marcha campesina del 15 de marzo ¿cómo ven la situación de las masas paraguayas?

Las masas están arrinconadas por la crisis económica. La capacidad de respuesta a esta situación no es sólo la capacidad de movilizarse del campesinado, sino que se nota un avance político, ideológico un criterio de clase más claro, una visión mejor del problema del imperialismo y de la necesidad de transformación del poder político para solucionar el problema cotidiano de la gente.

También son muy importantes los cambios que están ocurriendo en el movimiento obrero: mayor combatividad, cierta politización y esto obliga a que las direcciones burocráticas inclusive tengan que radicalizar su discurso para contener esa fuerza que está hirviendo ahí dentro.

El surgimiento público del MPRPP ¿coincide con una situación de reanimamiento del movimiento de masas?

Creemos que es una coyuntura muy favorable.

¿Qué posición tienen ustedes sobre la relación con organizaciones revolucionarias en América Latina?

Es imposible plantear la revolución en Paraguay si no se extiende. Paraguay y otros países pueden ser como una espoleta que genera una revolución más generalizada en nuestro continente. No creemos que sea posible desarrollar la revolución en uno solo de nuestros países. Puede explotar en un lugar, pero la obligación de los revolucionarios es articular en la perspectiva de una revolución y transformación continental del sistema de explotación.

Si la revolución en nuestros países no pueden ser aisladas, el contacto y la articulación de los partidos y movimientos revolucionarios de Latinoamérica es uno de los ejes estratégicos. Planteamos que el internacionalismo debe ser revolucionario, que es la cooperación de los partidos para hacer la revolución.

A veces a pesar de las buenas intenciones de los compañeros. Si no se plantea la articulación de una estrategia revolucionaria, se lleva a perder el tiempo en grandes congresos de acuerdos tácticos, que evidentemente encubren la ausencia de lineamientos de la cuestión revolucionaria en su conjunto.

Fuente: Archivo Partido Paraguay Pyahura.
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