7 de abril de 2014

XXI MARCHA DEL CAMPESINADO POBRE Y HUELGA GENERAL



El domingo 23 de marzo de 2014 podría haber sido un domingo cualquiera en las campiñas paraguayas, sin embargo el continuo transitar de hombres, mujeres, jóvenes y niños que buscaban llegar hasta los puntos de concentración campesina marcó la diferencia, trayendo así por los caminos la esperanza de un pueblo que como hace 21 años se preparaba organizadamente para su XXI marcha campesina.
San Pedro

Fue así que Canindeyú, Caaguazú, San Pedro, Guairá, Caazapá, Itapúa, Misiones, Concepción fueron los puntos de encuentro de miles de campesinos que dejaron atrás sus instrumentos de labranza, sus animales, sus precarios ranchos, sus desgastadas tierras para ser protagonistas una vez más de esta ya larga lucha por la justicia. Dejaron todo aquello y trajeron por sus espaldas mandioca, maní, grasa de chancho, maíz, harina de maíz,
Caaguazú
queso, huevo, poroto para aportar a las sucesivas ollas populares que serían elaborados por un grupo de cocineros y cocineras especialistas en la difícil tarea de preparar alimentos para una gran cantidad de personas. 
Una vez apostados en los lugares de concentración cada uno tenía su puesto: en la cocina, para montar baños, bañaderas, carpas de hombres y mujeres, en la guardería, en seguridad, animación, prensa, propaganda, agitación y en la ruta; así se mantuvieron, entre debates, ajustes, los infaltables artistas que con voz y guitarra amenizaron las movilizaciones regionales y aportaron alegría sin igual a los intermitentes cortes de ruta que fueron realizándose hasta el martes 25 a la mañana. 
Canindeyú
Almorzar y subir a los camiones de carga, hombres, mujeres, carpas, bolsas de mandioca, leñas, tachos, pancartas, banderas, símbolo, estribillos, sacrificio y fuerza organizada se entremezclaban agrupándose en largas caravanas que avanzaban bajo la mirada del enemigo cuya preocupación se dejaba ver en las barreras de policías apostados en las principales rutas del país.

Capital
En Asunción, un contingente de compañeros y compañeras, pequeños productores de Central, Paraguarí y de otros departamentos del país, inmigrantes venidos desde Argentina, obreros, trabajadores y docentes con banderas, pancartas y volante en mano recorrían el microcentro anunciando para el que quisiera oír la buena nueva, la movilización de un pueblo y la huelga general, verdaderos acontecimientos que acuñan un futuro transformador. 

Atardecía frente al ex -seminario metropolitano, penumbra y luces de la ciudad reflejaban sombras, figuras humanas que bajaban de vetustos camiones doble o triple eje, otros de menor porte y algunos colectivos; era la algarabía del grito que comenzaba así a retumbar en los oídos de Asunción, una capital que abrazaba sonriente a aquellos hombres y mujeres del campo dispuestos a seguir librando la lucha contra los explotadores de siempre.
El fresco pastizal hizo de cama, de silla y de sillón ocasión en que tortillas, chipas, marineras de pollo, mandiocas, sopa, chipa guazú y otras delicias hicieron su aparición de entre platos y servilletas, constituyendo todo aquello la matula que aportaría su valor alimenticio para lograr la energía necesaria y seguir.

A la medianoche y luego de 18 años las campanas de la catedral metropolitana  repicaban al son del grito de ¡huelga general! en donde una parte del campesinado, obreros y trabajadores, llegó hasta ahí para participar de aquel lanzamiento, resultado de su determinación y visión política de involucrarse con la convocatoria, realizar ese día la XXI marcha del campesinado pobre y llevar la huelga general a su concreción para seguir escribiendo páginas de historia política y social del Paraguay.
Los relojes marcaban las 02:00 horas del 26 de marzo; de vuelta al seminario, un breve descanso, y de madrugada los piquetes en dos avenidas capitalinas principales, con presencia de obreros, obreras y trabajadores, una conjunción de fuerzas en combate imponiendo un claro mensaje de lucha. De los piquetes al cocido con galleta, distribuidos cuidadosamente por una brigada de hombres y mujeres especializados en cocina, resultados de la práctica y las experiencias ganadas en permanentes movilizaciones, debates y asambleas. 

Pancartas, banderas, agrupados por región, una bulliciosa y colorida columna de jóvenes, agua, limón, toallas al cuello, bolsones, mochilas, mantas, banderas y símbolos, parten desde el seminario iniciando la larga marcha. Es la fuerza política que camina por las calles de Asunción, que surgió desde el campo y llegó a la ciudad, recibiendo adhesiones, aplausos, flamear de banderas desde los balcones, brazos en alto y algunos en grupos pequeños, o en mayor cantidad se iban sumando a ejército de organizado que con pasos firmes de zapatillas y zapatos gastados vienen desde hace años abriendo el surco de un nuevo horizonte para el Paraguay.

Horas de marcha y de camino en una ciudad que tenía aire de viernes santo, no por las chipas o santiguadas, sino por los negocios cerrados, escasos vehículos y ningún transporte público cuyo panorama mostraba ya desde temprano la contundencia de la huelga general. 

Se confluyó en la Plaza ubicada frente al Congreso, sitio donde se expresa la contradicción del pueblo que quiere nacer y una estructura edilicia expresión de un modelo de Estado que no quiere morir. Discursos, compromisos, expresiones y heridas de lucha, del despertar del campesinado; ese campesinado que no está derrotado, que está vivo, que confía en su fuerza y se prepara para seguir luchando.
Un guiso de carne molida con abundante mandioca, elaboradas por laboriosas manos y distribuidas desde grandes tachos ayudó a mitigar apetito y cansancio de miles de luchadores que mientras comían esperaban pacientes el acto conjunto del Partido Paraguay Pyahurã (PPP) y la Coordinadora Democrática para dejar sentada las conclusiones de la histórica jornada de lucha basado en la marcha campesina y la huelga general. 

Ojos y oídos atentos, brazos y símbolos en alto, banderas al viento, voces que al unísono repetían una y otra vez los estribillos que abrazaban cada parte de las palabras, algunas hechas estrofas y expresadas desde el escenario en aquel momento crucial. El campesinado pobre, la clase obrera, los trabajadores y el pueblo en general allí presente supo oír lo que necesitaba para avanzar, hizo suyo el claro mensaje, los acuñó como línea e identificó a sus genuinos dirigentes y mantuvo actitud respetuosa ante quienes representaban a otras organizaciones. 

Lentamente los camiones y colectivos se fueron colmando de figuras humanas y con el sentimiento del deber cumplido emprendieron el regreso a las comunidades y asentamientos, en donde carretas, machetes, azadas, tierra, arados e injusticias se agruparán en un conglomerado de esperanzas marcando el camino para seguir luchando.
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