11 de junio de 2013

FNC: ¿QUÉ HAN LOGRADO MARCHANDO A LO LARGO DE 20 AÑOS?

XX MARCHA NACIONAL DEL CAMPESINADO POBRE

FNC durante la marcha
La XXI  Marcha Nacional del Campesinado Pobre se realizó el jueves 20 y 21 de marzo pasado en Asunción, bajo el lema “Contra el latifundio, por la reforma agraria, contra la sojización y los transgénicos, por la producción nacional y contra las mentiras electorales”. La movilización comenzó el día anterior, con la llegada a la capital del país de miles de campesinas y campesinos provenientes de distintos puntos del país, como resultado de la organización y utofinanciamiento. Una marcha realizada a lo largo de 20 años, sin interrupciones, captó de manera especial la atención de los medios de comunicación y la sociedad, a través de la pregunta ¿que han logrado marchando a lo largo de 20 años?
La pregunta fue una oportunidad que permitió a la FNC elaborar y hacer una síntesis del objetivo  que  ha  animado a las marchas a lo largo de todos estos años, desde un enfoque diferente. La pregunta ¿qué han logrado? parece hacer resonar detrás otros interrogantes desde esa perspectiva dominante ¿porqué siguen marchando?

¿Acaso ha cambiado la situación del país? ¿Acaso  han  logrado  la  reforma  agraria? ¿Han frenado la sojización? ¿Han impedido el avance de los transgénicos? Y, sobre todo, en esta coyuntura electoral, ¿han logrado que el campesinado deje de ser instrumentado para votar, renovando así cada cinco años su propia exclusión por la vía electoral?

Detrás del ¿porqué siguen marchando? parece  resonar  la  pregunta  ¿porqué  no se desaniman? Son lindos interrogantes para responder a una sociedad que, más que nunca, hoy está profundamente desmoralizada por los grandes retrocesos recientemente  ocurridos, que han permitido a los sectores más retardatarios, antidemocráticos y antipopulares avanzar sobre espacios mínimamente progresistas que, aún con grandes cuestionamientos, representaban el anhelo de cambio de toda una sociedad. Con el intento de cambio por la vía electoral, la mayoría de la sociedad paraguaya hoy parece estar más abierta a escuchar nuevos planteamientos, y quizá a aprender de otras experiencias. ¿Por qué no se desaniman? Si “nada” han conseguido... ¿De dónde sacan la fuerza para resistir?

¿POR QUÉ SIGUEN MARCHANDO?

Esa es una pregunta que parece surgir de una cosmovisión dominante de esta sociedad que ve al campesinado como fuerza instrumentalizada, incapaz de dirigir su propio proceso de organización y elaboración de planteamiento político con una perspectiva de desarrollo nacional. Lo interesante es que ese mismo pensamiento dominante está fusionado, paradójicamente y con más fuerza en sectores progresistas, con una expectativa y exigencia rigurosa y despiadada de hacer descansar sólo sobre la espalda del campesinado la responsabilidad de la transformación de este país.
Como ejemplos concretos, ese tipo de pensamiento se vio con claridad en los procesos del marzo paraguayo en 1999 y en la lucha que culminó con el freno al proceso de privatizaciones en el 2002. Ese pensamiento se concretizó en el marzo paraguayo con la exigencia al campesinado de que de inmediato y obedientemente desista de su reivindicación de la condonación de deudas (que  iba a culminar en el remate de las parcelas y los medios de producción de 130.000 pequeños productores). Desconociendo e invisibilizando el proceso por el cual esa masa campesina, organizada y autofinanciada, llega a Asunción: con una postura debatida y asumida de resistir y combatir en las calles el fascismo en su expresión   de   Estado   representado   en ese momento por el oviedismo, y que se concretaba  en  la  segunda  reivindicación de esa marcha de 1999: la defensa de las libertades públicas.

Durante largo tiempo se instaló -y aún sigue instalada- esa visión deformada: de que por no abdicar del reclamo de la condonación de deudas el campesinado de la FNC “vendió” su apoyo al marzo paraguayo. Siendo que la renuncia a esa reivindicación hubiera significado la verdadera instrumentación del campesinado: instrumentación entendida como desviación de los intereses de un sector y como una decisión de cúpulas dirigenciales desconectada de la masa.
Esa visión equivocada supone que está en poder de la dirigencia campesina de la FNC simplemente “ordenar” a su masa (que en ese caso sí hubiera sido instrumentada) que desista de una de sus dos reivindicaciones, obviando el proceso profundamente democrático tras el cual esos 30.000 campesinos y campesinas llegaba a Asunción. Proceso colectivo largamente debatido que enmarcaba la condonación de deudas y la defensa de las libertades públicas en la construcción y planteamiento de un programa de desarrollo nacional que trascendía justamente las reivindicaciones sectoriales del sector campesino.

En la lucha contra las privatizaciones ese tipo de pensamiento se concretizó en el cuestionamiento del derecho del campesino a opinar. Por ejemplo en el caso de la privatización de Antelco (hoy COPACO): ¿acoso los campesinos tienen teléfono? Era una de las argumentaciones más comunes desde esa perspectiva dominante. Desconociendo e invisibilizando otra vez, que fue el campesinado de la FNC quien debatió, elaboró y expuso ese planteamiento ante la sociedad, y que se concretó en la unión de varios sectores sociales y políticos, primero en el Frente en Defensa de los Bienes Públicos y el Patrimonio Nacional, que a su vez se articuló luego con la Plenaria Permanente contra el Terrorismo de Estado para conformar el Congreso Democrático del Pueblo.

INVISIBILIZACIÓN  DEL  CAMPESINADO COMO SUJETO POLÍTICO

Estos elementos nos pueden llevar a debatir los mecanismos a través de los cuales opera el sistema para invisibilizar al campesinado como sujeto político consciente, completo. Es esa invisibilización la que se concreta en la pregunta ¿porqué siguen marchando? Puesto que si no operaran estas “anteojeras” ideológicas, podría ser visible -y hasta obvio- que se sigue marchando porque el campesinado de la FNC es un sujeto político completo, que ha sido capaz de superar una visión sectorial y de plantear un programa de desarrollo nacional soberano que incorpora a la mayoría progresista y democrática de este país. Y que la permanencia de por si a lo largo de 20 años en ese profundo debate democrático,  organizado,  autofinanciado, es un logro de gran magnitud que ninguno de los partidos políticos ni organizaciones similares en este país ha alcanzado. Es una experiencia inédita.

Y que esa categoría de sujeto político completo supera además una visión de logros en clave cuantitativa. ¿Cuántas hectáreas conquistadas? 200.000 ¿Cuántos asentamientos? Más de 40, el campesinado organizado de la FNC tiene elaborado Programas que conducirá inequívocamente a un desarrollo a favor de la mayoría. Los debates y la organización lo transformó al campesino en un sujeto consciente que transforma su individualismo, que comercializa en forma conjunta su producción y analiza las causas de la discriminación de la mujer y busca los mecanismos para la transformación; construye guarderías para el cuidado colectivo de los hijos, entre otros.


Resumiendo, el carácter de las marchas campesinas escapa a esa visión reduccionista e instrumental con la que la hegemonía del sistema induce a la sociedad en general a “ver” al campesinado. Un campesinado al que, por un lado, se tiende a asociar siempre con la subordinación a otros intereses y al que, por otro lado (y aún siendo el sector más azotado y más vulnerable a todas las políticas del Estado que privilegian un modelo de concentración que beneficia a unos pocos), se le exige con mucha más rigurosidad “logros” en una tarea de construcción democrática que nos compete a todos como sociedad.
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